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CUERPO DANONE

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Hay determinadas épocas del año en que nuestros cerebros nos recuerdan lo importante y necesario que es ponernos a dieta, hacer deporte, dejar de fumar… La llegada del verano, la del otoño y la del nuevo año son ejemplos de ello. Pues bien, intentaremos pasar por ellas y cumplir aunque solo sea una parte de esos propósitos pero sin volvernos locos, que no es cuestión de hacerlo todo a la vez…
Nos centraremos en lo del deporte. Que no, que tampoco se trata de tener un cuerpo Danone. ¿Quién en su sano juicio quiere parecerse a un yogur? Otra cosa ya sería ser un yogurín. En fin, que de lo que se trata es de estar sanos y para ello es necesario practicar algo de ejercicio.
Cada vez que pienso en el deporte me acuerdo de un monólogo de Leo Harlem con el que seguro que much@s nos sentimos identificad@s. Sigue leyendo →

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“Educar con co-razón”

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“Todo ser humano, hombre o mujer, tiene alguna experiencia de la maternidad porque en su útero, en su regazo, en su abrazo y en su entrega todos hemos sido acogidos o albergados en algún momento. Voy descubriendo que mi admiración y devoción por la mujer es, en realidad, una mirada de reconocimiento a lo humano a través de lo materno, desde lo femenino. No soy madre, pero soy hijo, es decir, parte o fruto de ella.

Ser madre es mucho más que traer hijos al mundo. Es ser vientre fértil para la vida, parir vida a cada instante, entregarse floreciendo, desgastarse dando frutos y ser cauce abierto para la vida en cada arteria, en cada respiración y en cada movimiento.

Ser madre es también devolver los hijos al mundo, a la vida, para que puedan recrearla y mejorarla desde la superación de nuestras trabas y limitaciones. En esa danza de propiciar la libertad de los hijos de los vientres y úteros emocionales e invisibles, los varones han de ejecutar y bailar los pasos y movimientos que le corresponden.

La maternidad es el espacio para la ternura, el tiempo de la entrega y el regalo de la presencia. Y todo esto, que florece y exhala su aroma en los pétalos de la mujer, también duerme como semilla en los surcos profundos de los corazones de los varones. Los hombres-madres son encarnaciones vivas de una integración amorosa de lo masculino y de lo femenino que nunca merma la función o rol de padre sino que la exalta, la dignifica y la coloca en su justo lugar.

El hombre maternal es más hombre, más padre, simplemente porque es más humano al dejarse fecundar por la simiente de lo femenino.

Gracias mujer porque sin ti ningún hombre, ningún padre sería posible.”

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«Las lunas» de las mujeres

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La menstruación, la regla, el periodo, estar en esos días o eso que padecemos las mujeres durante al menos tres días todos los meses del año.
A lo largo de los siglos se han tejido infinidad de mitos y creencias con respecto a la menstruación. En la Antigüedad, por ejemplo, se creía que el ciclo menstrual estaba relacionado con el ciclo lunar, creencia que ha llegado hasta nuestros días, y por eso se denominaron “lunas” a las menstruaciones. Sigue leyendo →

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No más arrugas

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El colágeno es una proteína del tejido conectivo que proporciona soporte y firmeza a los tejidos del cuerpo.

Fortalece los huesos y las articulaciones, los tendones y los ligamentos e interviene en la reparación del tejido de los cartílagos; también protege nuestros músculos y órganos vitales y forma parte de la pared de los vasos sanguíneos, córnea, dientes, encías y el cuero cabelludo; fortalece el pelo y las uñas; ayuda a cicatrizar las heridas; puede disminuir el dolor, la inflamación y la rigidez de la artritis reumatoide y la gota; ayuda al cuerpo a recuperarse después del ejercicio y, sobre todo, mejora la firmeza y elasticidad de la piel.

Es la proteína más abundante de nuestro cuerpo. Como todas las proteínas está constituido por cadenas de aminoácidos que aportan resistencia y flexibilidad a nuestros tejidos. Con el paso de los años la producción de esta proteína por parte de las células que la generan se reduce. A los 40 años producimos la mitad de colágeno que en la adolescencia. Sigue leyendo →

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Bacalao al Pil-Pil

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El bacalao al pil pil es uno de esos platos que, si uno no lo ha catado en su plenitud misma, no puede morir tranquilo. Ni siquiera echar una buena siesta sin remordimientos intensos de conciencia.
Aunque su nombre pueda llevarnos a confusión (cójase la primera desviación a la derecha, salida 107 de la A92), no es un plato chino. Ni se le parece o asemeja. Lo de la coincidencia fónica es eso, mera coincidencia. Pero ahora hay que precisar porque todo viene de la gran China.
El bacalao tiene un gran contenido proteico, lo que unido a la facilidad de su conservación en salazón, lo ha hecho compañero inseparable de cualquier aventurero que se haya preciado de serlo, sobre todo en España y Portugal. En nuestros días, se está volviendo a apreciar en su justa medida a un bichito tan rico como el que hoy nos acompaña.
La receta es sencilla de ingredientes y pelín cuidadosa en la elaboración, nada que no pueda ser realizado con algo de mimo. A saber: bacalao (lo compramos mejor ya desalado) de calidad, aceite de oliva virgen extra, ajos y guindillas.
Supongamos que somos dos (echaremos menos que si somos diecinueve), en ese caso, con dos buenos lomos nos va a valer. El proceso es simple. Se echa abundante aceite de oliva en una cazuela de barro (mejor que otros recipientes), más o menos hasta que casi cubra luego las rodajas de bacalao. Se echan los ajos fileteados y la guindilla en rodajitas. El fuego se pone medio tirando a bajo, porque queremos confitar el ajo, no freírlo y que se nos pase. Y además, en ese punto dorado ayuda a la emulsión que haremos luego.
Cuando tengamos los ajos, lo sacamos junto con la guindilla y los reservamos en espera de su destino último.
Ahora entramos en el momento de la verdad. El aceite tiene que estar templado, nos interesa hacer lentamente el bacalao, así que depositamos nuestros lomos en la cazuela…. Y aquí tenemos un problema. ¿La razón? Pues que hay tanta gente que dice que tenemos que hacerlo con el lomo para abajo como gente que dice que el lomo tiene que estar para arriba. Si os genera mucha desazón, haced uno para arriba y otro para abajo y veréis como os quedan iguales.
El bacalao va jugando sus cartas en la cazuela y, recordemos, la claves está en hacer la carne y en trabar la salsa y, como la base de ésta es la gelatina, la temperatura tiene que ser necesariamente baja. En este caso tenemos una pista y es que cuando veamos una cosa blancuzca saliendo del lomo de bacalao, sabemos que está a punto para el meneo. Bueno, o que el ectoplasma del bacalao está abandonando su cuerpo, pero esto último es harto difícil.
Ahora, ahora, sí ahora, es el momento de empezar a menear en círculos la cazuela, despacio, con ritmo. Con el movimiento, aceite y gelatina se van aglutinando, formando un nuevo elemento muy parecido a la mayonesa. Podemos sacar el bacalao y seguir con lo que queda en la cazuela y ayudarnos de varillas, o hasta de un colador grande. Estaremos introduciendo aire en la mezcla de ambas formas.
Y ya sólo queda poner los lomos, cubrirlos o acompañarlos de la salsa y esparcir en lo alto ajitos y guindilla. Con un buen vino, no se olvida fácilmente. Ni mucho menos.

chef quechicPaco Rebolo Masterchef

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Costillas de cerdo ibérico laqueadas

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Las costillas de cerdo son ya de por sí un manjar de indudables valor y méritos morales. Si son de cerdo ibérico subimos un peldaño más en la obtención de un karma que nos permita reencarnarnos, al menos, en salamandra del Ártico (para cosas como sindicalista liberado necesitamos mucho más karma).

Lo importante en estos casos es adquirir algo de calidad, donde casi asomen las bellotas que nuestro amigo haya engullido durante su estancia en montanera dedicado a la holganza, el fornicio y la molicie… vamos, lo que todos envidiamos pero no nos atrevemos a confesar. Y lo interesante una vez hayamos adquirido esas lindas costillitas es que podemos prepararlas con bastante flexibilidad, que no significa hacer gimnasia artística mientras las aderezamos (para las aberraciones tenemos que leer los anuncios clasificados del ABC, que la pela es la pela). Sigue leyendo →

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