LA RUPTURA

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Romper una relación supone una serie de cambios en nuestra vida y nuestros hábitos, pero también es un cambio en nuestro cerebro. Los expertos comparan el estado de la ruptura con el de enamorarse, solo que a la inversa.

Eso de que el amor es como una droga no se dice en vano. Hay diferentes sistemas neuronales en conflicto dentro de tu cerebro cuando te enamoras y cuando acabas una relación (sobre todo si te dejan). Estas mismas partes del cerebro también son las que responden a los efectos de la nicotina o la cocaína. Activar esas neuronas, además, libera grandes flujos del neurotransmisor conocido como dopamina, la cual activa circuitos dentro del cerebro que crean más deseo.

Una ruptura amorosa devuelve a tu cerebro a la etapa inicial de tu relación, esa en la que parece más bien una obsesión, independientemente del tiempo que haya durado esa relación. De ahí que cuando rompes con alguien, parece que todo te recuerda a esa persona.

Cuando comienzas una relación esa obsesión está muy latente, tienes ganas de estar todo el tiempo posible con tu pareja, de compartir espacios y vivencias, etc. A medida que pasa el tiempo se va desvaneciendo, lo cual no significa que ya no estés enamorado. Lo que ocurre cuando la relación llega a su fin, es que esa parte del cerebro requiere su dosis de romance, como si fuera una droga. Al no obtenerla, te hace una llamada de atención. Por eso cuando rompemos solemos tener reacciones como volver a practicar sexo con nuestro ex, y al mismo tiempo echar pestes sobre él.

El amor, o más bien el desamor, nos hace sufrir. Cuando decimos que nos duele el amor no es solo de forma figurada. Está demostrado en diversos estudios científicos que el amor duele de verdad. Después de una ruptura si sientes que tu pecho se te encoje, que tienes el estómago revuelto, o que padeces cuadros de ansiedad, son los síntomas físicos de la agonía de la ruptura. La actividad cerebral en las partes que controlan el estrés y el dolor físico se disparan ante una ruptura.

El cerebro ordena liberar hormonas del estrés que atacan directamente al corazón, el sistema digestivo e incluso al sistema inmunológico. De hecho existe una enfermedad del amor, la “cardiomiopatía Takotsubo”, conocida como el “síndrome del corazón roto”. Así que, sí, se puede morir de amor.

El dolor es una parte natural del proceso en una ruptura. Esa sensación de dolor puede durar desde los 6 meses hasta los 2 años. Aun así, eso depende de cada persona, cada uno guarda el “luto” que su cuerpo, o más bien su cerebro considere. Pero no nos asustemos, ya que existe evidencia de que inmediatamente después de una ruptura tu cerebro comienza a trabajar en ayudarte a superarlo. El cerebro muestra actividad en regiones de la corteza frontal que inhibe impulsos y mejora la conducta. Está tratando de regular y controlar tus emociones encontradas, de poner orden en tu vida y superar ese trance.

El cuerpo humano es muy sabio. El cerebro te da una de cal y otra de arena y en tus manos está construir con ello una nueva etapa superando la anterior.

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