¿Tú dónde vives?

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A estas alturas de mi vida, cuando esa dichosa enfermedad a la que conocemos con el nombre cáncer, se ha llevado a tanta gente buena, tantos vecinos, amigos y familiares, me surge la pregunta de si: ¿no sería cierto aquellos de lo que nos avisaban los ecologistas? Cuando tenía diecisiete años y estudiaba en el instituto, el único que había en Tarifa por aquellos años ya que ahora no sé, porque con tantos nombres y centros mezclados una se pierde un poco si no se tienen niños; participé en las movilizaciones contra el tan conocido “cable”. Algunos de ustedes los que son mayores, o los que son próximos a mi edad, recordaran la batalla campal que se organizó en el pueblo. Aún recuerdo como algunos profesionales de la sanidad y conocidos ecologistas nos decían que el dichoso cable acabaría con la pesca y traería leucemia y mucho cáncer transcurridas unas décadas y, tampoco se me olvida como, algunos advenedizos a la política, aprovechando el temor de la gente y el hartazgo de la ciudadanía, crearon un partido político hasta ese momento inexistente con el fin de conseguir sus propios intereses, como ha demostrado la historia.

Hubo persecuciones, venganzas personales, gente buena y pacífica acribillada con balas de goma por los antidisturbios comandados por políticos sin escrúpulos, ecologistas perseguidos y mucho, muchísimo sinvergüenza en medio. Sin embargo hoy, desde la distancia, desde la objetividad, no puedo dejar de acordarme de aquella época. Una época donde se pasó por encima de la voluntad popular para imponer las cosas por narices, una época que trajo como secuela el que las personas de bien aceptaran con desolación que el protestar y movilizarte no servía para nada porque te echaban a los guardias armados encima, de ahí que por ello tal vez nadie lo haga ahora. Pero me acuerdo sobre todo por el cáncer.

Han pasado años, demasiados, casi veinte, desde entonces, y lo cierto es que no hay día que me levante sin enterarme que fulanito o menganito han enfermado. O que el padre, la madre, el hermano, la hermana o el hijo o hija de alguien ha fallecido a consecuencia del mismo. Y claro, una, que vivió aquella época, no puede dejar de recordar esas advertencias, porque lo cierto es que en una ciudad que no llega a los 15.000 habitantes hay demasiado de este mal. ¿Está relacionado? No lo sé. ¿Nos avisaron? Por supuesto. cableEl caso es que nadie da explicaciones, nadie se preocupa en hacer un estudio de los motivos que pueden estar ocasionando tanto daño, a ningún político le interesa, o tal vez saben la causa pero callan. Quizás porque no pueden hacer nada, porque estamos obligados a aguantarnos con lo que esté causando esta situación por cuestiones de interés general. Pero, entonces, si estuviéramos obligados a soportar todo esto sin tener derecho a levantar la mano siquiera, ¿no deberían compensar a la población de alguna forma? ¿No deberían construirnos un hospital de lo más avanzado en estas lides? ¿No deberían tener a más personal trabajando para atendernos y no reduciendo su jornada al 75 % en unos casos y al 20 % en otros? ¿Acaso no tenemos derecho a que nos traten con dignidad y no como meros números? Es vergonzosa la situación de los hospitales de La Línea y Algeciras, faltos de todo.

¿Qué por qué digo esto? Porque yo pago los mismos impuestos que un sevillano, un malagueño o un gaditano, por lo que no entiendo por qué siempre son en dichas ciudades donde está lo mejor, porque no creo que paguen más impuestos que yo, sino los mismos. Porque no entiendo por qué hay hospitales mejor acondicionados que otros dependiendo del lugar de residencia pero no te dejan elegir hospital si no has sido atendido por urgencias. Y no me digan que no es cierto todo lo que me pasa por la cabeza, sin embargo, creo que me he ido por las nubes cuando yo solo quería decirles a mis primas que las quiero y a las hormigas: “mi más sentido pésame”.

LUCINDAGLucinda Gray

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