Pedroche campanadas

LA QUE HAS LIADO PEDROCHE, CON TU VESTIDO DE NOCHE

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Ya sé que estáis un poco hartos del tema y que después de varias semanas lo habréis aparcado para polemizar con otros asuntos (las reinas magas, Carmena, la independencia catalana…). Pero yo no lo puedo dejar pasar por alto, teniendo en cuenta que el 31 de diciembre está a la vuelta de la esquina (un año pasa como un suspiro).

Era sabido que con tanto misterio previo, ese vestido iba a traer cola (no literalmente, porque solo era largo y eso sí, llevaba capa, más bonita que la clásica de Ramón García, campanero oficial de la 1). Lo que me sorprende es que todavía en este país que se considera progresista, global, genérico, tengamos que definir a una persona por el atuendo que porta. A mí me da que lo de la Pedroche es todo por pura envidia(los tíos porque no podrán tener una como ella y las tías porque no podrán “tener” una como ella…).

El vestido lo eligió ella misma, como ha declarado (cosa que me parece fatal, no que lo haya elegido, sino que tenga que justificarse). “Pase lo que pase, guste o no el vestido, critiquen o no, aunque siempre van a criticar, quiero que las críticas vengan hacia mí. Ni la cadena  me obliga, ni es machista. Las mujeres tenemos la libertad de elegir lo que nos dé la gana hoy y cualquier día del año”, declaró.

Pedroche

Así nos va a las mujeres, que cada vez que tomamos una decisión de la índole que sea tenemos que dar una “explicación aclaratoria”. ¿Qué nos pasa en España? ¿No nos podemos (qué miedo me da utilizar este vocablo) creer que una mujer tiene la capacidad suficiente para decidir por sí misma, elegir lo que quiere, actuar de un determinado modo y asumir las consecuencias de sus actuaciones? Será por eso que los que intentan descalificarla lo hacen metiéndose con su modo de vestir o insultando su inteligencia (porque sí que la tiene). Y es que es así, las mujeres estamos directamente identificadas con nuestra presencia física, para bien o para mal.

Y me diréis que el hombre también y os contestaré que sí, pero de otro modo. A un hombre no se le hace directamente responsable de nada por su modo de vestir, por las fotos que sube a sus redes sociales o su forma de comportarse. Para eso ya estamos las mujeres. Es como eso que se dice de “las violan porque se visten como putas”.

Pues yo no he visto a nadie poner el grito en el cielo por los múltiples comentarios soeces e incluso machistas que ha tenido que soportar en este caso Pedroche, pero que podríamos ser cualquiera de nosotras.

 “¡Gracias por la primera paja de 2016!” es lo más suave que puedo reproducir aquí.

He leído algún artículo sobre este tema en el que hablaban de una mujer haciendo el papel de un florero al lado de un hombre contratado por ejercer su profesión. Yo no lo he visto así. Ella también estaba haciendo su trabajo. Pero si lo único que podemos (otra vez) argumentar es basándonos en su cuerpo, mal vamos. Somos los que observamos, los que estamos al otro lado, los que cosificamos si no vemos más allá de un cuerpo.  Lo que para muchos es un vestido vergonzoso, para otros es una auténtica obra de arte realizada tras muchas horas de trabajo (350 aproximadamente) y con mucho esfuerzo. Un vestido con 20.300 cristales que tapaban estratégicamente las partes íntimas en un espectacular diseño de Hervé Moreau, director creativo de Pronovias.

El problema aquí es más bien que por mucho que vayamos de modernos, seguimos habitando una sociedad patriarcal, en la que somos los primeros culpables de consumir lo que nos ponen en la televisión (porque en España nadie conoce a Belén Esteban ni votó al PP), de asumir los diversos prototipos de hombres y mujeres que se reproducen constantemente en los medios, en la educación, en la calle e incluso en nuestras casas, compramos en masa en grandes superficies, nos enganchamos a todas las redes sociales, acudimos a ver partidos del deporte por excelencia de nuestro país, el fútbol (con permiso de la siesta)…

Pedroche hace su papel, y es solo eso, un papel en el que crea el binomio perfecto entre belleza y falta de cerebro, lo cual no significa que no sea inteligente y muy guapa a la vez. Su compañero de trabajo Miki hace un papel similar, pero en feo, ¿verdad? Y no he visto a nadie salir en su defensa o hacer una crítica por dicho estereotipo.  La belleza de las mujeres no está reñida con la inteligencia.

Al final esta polémica suscitada por un simple atuendo no deja de ser el reflejo de una sociedad y de las vicisitudes con que las mujeres tenemos que lidiar en nuestra vida diaria. Por eso, permíteme que insista: la culpa no es de Cristina Pedroche, sino de los ojos que la miran.

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