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LA MUJER A LA QUE MATARON POR CONTAR LA VERDAD SOBRE EL ISIS

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Enfrentarse al terrorismo y morir, o mostrar sumisión para poder sobrevivir. Este era el dilema en el que estaba Ruqia Hassan, una activista que decidió permanecer en su ciudad natal Raqqa, en Siria. Raqqa, una ciudad pequeña en la orilla norte del río Éufrates, cayó en  manos del Estado Islámico. Desde allí  y  a través de su página de Facebook, la joven de 30 años, licenciada en Filosofía por la Universidad de Alepo, informaba sobre las atrocidades que se cometían en su ciudad natal,  denunciaba por Internet los crímenes políticos y terroristas, las masacres y las violaciones de derechos humanos a modo de ejecuciones públicas, crucifixiones, secuestros y amenazas de muerte a todas aquellas personas que fueran en contra de la ideología del ISIS. Denunciaba el ataque al que se sometían en Raqqa, atrapados bajo el gobierno despiadado del ISIS sobre el terreno, apaleados por los ataques del régimen de Asad y golpeados desde el aire por los ataques aéreos de Rusia y de la coalición.

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Los que  conocían a Ruqia  dicen que en persona era tímida y callada pero al mismo tiempo inteligente y apasionada. Le gustaba su ciudad, disfrutaba de sus calles antes de las revueltas en Siria. Era una ciudad modestamente próspera y pequeña que gozaba de un ambiente agradable con una  población estrechamente vinculada a la agricultura. Un lugar tranquilo en el que  la tradición pesaba más que la religión.  Con el ISIS, el ambiente empezó a ser sofocante.  Las crueles ejecuciones, muchas veces en forma de crucifixión, se desarrollaban en la glorieta principal de la ciudad. Los cigarrillos, la música y que las mujeres viajaran sin un hombre se había convertido en algo ilegal. La vida en la ciudad se transformó en una pesadilla.

En 2011 Ruqia se unió al grupo de activistas “Raqqa Está Siendo Masacrada en Silencio”, bajo el seudónimo Nissan Ibrahim. Participó en protestas contra el régimen de Bashar Al Asad desde las primeras manifestaciones mostrando abiertamente su opinión, con comentarios mordaces y sarcásticos, sobre la situación que vive su país. Lo reflejaba en sus post donde escribía mensajes tanto sarcásticos como emotivos, siempre con un objetivo final: la repulsa hacia el ISIS.

En julio de 2015, Ruqia Hassan escribió en Facebook: “¡Saludos a todas las chicas que están celebrando el Eid (el final del Ramadán) en pijama!” haciendo alusión, bajo esa indirecta, a la imposibilidad de hacer lo mismo en su ciudad. En otro de sus post escribía: “Todos los días prohíben, prohíben, prohíben…estoy esperando el día en que finalmente permitan algo”.

Y el  último decía así: “Estoy en Raqqa y he recibido amenazas de muerte. No importa que el ISIS me capture y me mate porque, aunque me vayan a cortar la cabeza, mantendré mi dignidad, y eso es mejor que vivir humillada”.

Después de esto, fue acusada de espionaje, secuestrada, encarcelada  y asesinada, pero su muerte no se confirmó hasta hace unos meses. Tras la desaparición de Ruqia, su familia mantuvo abierta su cuenta de Facebook con la intención de obtener noticias sobre la joven. Se dirigían  a la prisión día tras día, desesperados ante la falta de noticias. Sin embargo, no les dieron ni una sola noticia y tampoco  les permitieron verla. Pasaron meses hasta que se enteraron del fatal desenlace.

En Año Nuevo, su hermano se presentó ante el ISIS de nuevo y le dijeron que la habían ejecutado junto a cinco mujeres más. Tampoco devolvieron el cuerpo a la familia.

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Carmen Blue

 

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