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FOTOGRAFÍA DEL DOLOR DEL ALMA

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El fotógrafo inglés Andy Whelan ha tocado el alma de muchas personas al documentar los últimos días de su hija enferma de cáncer. Andy lleva un año entregado, luchando y viendo sufrir a su hija Jessica, de cuatro años, a la que en 2015 le diagnosticaron un neuroblastoma en fase 4  y a la que los médicos dieron tan solo cuatro meses de vida.

Su intención al publicar estas imágenes y relatar su historia   es concienciar a la gente sobre el cáncer infantil. “Con esta foto no quiero ofender ni molestar, prefiero educar y sorprender a los que la aprecian desde sus vidas normales”. Así lo explicaba en una de las actualizaciones de su página de  Facebook que cuenta con  más de 9.600 seguidores, y en la que algunas de sus fotos han generado hasta 8.000 reacciones.

Cuando los tratamientos a los que era sometida Jessica no eran efectivos, sus padres  tuvieron que tomar la decisión más difícil de sus vidas: darle solo cuidados paliativos para que sus últimos meses pudiera vivir. Decidieron entonces crear un Crowdfunding al que llamaron “Buscando la Felicidad de Jessica” y así financiar sus últimos buenos recuerdos: viajar a la playa,  ver Disney, comprar juguetes en una tienda…Además,  Andy inició hace unos meses  una petición directa al parlamento británico para convertir en prioridad científica la investigación del cáncer infantil. Consiguió llegar a las 100.000 firmas, lo cual obliga a debatir de inmediato la propuesta en el Parlamento.

El dolor, y no me refiero al físico, es un sentimiento que cada persona asume y vive de distinto modo. Andy sintió la necesidad de compartirlo de esta manera, una terapia individual que se convierte así en colectiva para sobrellevar una experiencia límite. Un hombre valiente que intenta remover conciencias. Su hija murió el pasado 20 de noviembre, pero sus imágenes, sus palabras y su historia han dado la vuelta al mundo dejando una lección de vida.

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 “Anoche ella finalmente me permitió tenerla en mis brazos y nos dimos un gran abrazo. Le dije cuánto la quería. Le dije que cerrase los ojos y que durmiese. La besé en la frente y en sus labios en numerosas ocasiones. Es lo que necesitaba para finalmente encontrar consuelo en su muerte. Ocho horas después de ese abrazo tomó su último aliento. Ella era una niña de papá, desde el principio y hasta el final. Siento que una gran parte de mí ha sido arrancada, pero estoy contento de haber podido darle ese consuelo en sus últimas horas. Murió en paz y con serenidad, sin ni siquiera un pequeño murmullo… Nunca me olvidaré de ti y me siento honrado de poder llamarte mi hija. Yo te amo más de lo que cualquier palabra pueda expresar, mucho más de lo que nunca sabrás. Buenas noches Jessica Mae, dulces sueños, descanse en paz.”

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Carmen Blue

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