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MISS MANHATHAN

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El desnudo… ¡Cuántas controversias y rompederos de cabeza trae en pleno S.XXI! Aunque ya estamos a acostumbrados a ver cuerpos desnudos en el cine, en el teatro, en portadas de revistas… todavía en algunos espacios, como el caso de las redes sociales (en particular el Facebook) siguen utilizando la censura en imágenes que nada tienen de groseras, sino que son puro arte (lo digo por experiencia, ya nos censuraron unos cuantos artículos de QuéChic). ¿Pero cuándo un desnudo tuvo algo de malo?

Bueno, si nos remontamos al año 1895, el desnudo era imposible en el cine, incluso un beso suponía todo un escándalo en esa época. En un corto rodado en  1896 titulado “El beso de May Irwin” (The May Irwin Kiss) un hombre y una mujer se dan un casto beso de poco más de veinte segundos… ¡Menudo revuelo provocó!

Sin embargo, para todo hay un/una pioner@. Desafiando la férrea moral de la época, en 1915, la película de cine mudo “Inspiration” dirigida por George Foster Platt, llevó a los espectadores a ser testigos del primer desnudo femenino en una proyección no pornográfica. Su protagonista: Audrey Munson, una joven estadounidense de 24 años. Munson hacía el papel de una modelo que posaba para un escultor (interpretado por Thomas A. Curran) al que intentaba despertar la inspiración, pero acaba despertando algo más que lo que se espera de una simple musa. En una de las escenas la actriz aparece cubierta de pies a cabeza por barro húmedo, pero mostrando siempre su desnudez de forma ingenua. Quizás por eso la censura no prohibió la película ni retiró las escenas de desnudo, porque entendían que el cuerpo femenino era utilizado como representación artística del ideal de belleza, sin ninguna connotación sexual.

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Munson continuó su carrera y apareció en otras tres películas en las que también protagonizó escenas de desnudos,  hasta que en 1934 el desnudo fue prohibido en Estados Unidos por el Código de Producción Cinematográfica, aunque por aquel entonces la vida de Audrey había dado un giro inesperado.

La biografía de Audrey Manson, también conocida como La señorita de Manhattan, la Muchacha de la Exposición o la Venus de América, está llena de detalles curiosos, además de ser protagonista de esos primeros desnudos cinematográficos. Fue descubierta por el fotógrafo Ralph Draper con tan solo 15 años y se convirtió en poco tiempo en la modelo preferida de muchos escultores y pintores de New York.

De ahí que su imagen sirviera de inspiración para la creación de cerca de veinte  estatuas, pinturas y murales  situadas en la ciudad, desde el puente de Manhattan hasta la Biblioteca Pública, pasando por la Quinta Avenida. Además, podemos observar su rostro y su cuerpo en las mansiones de John D. Rockefeller y George Vanderbilt o en  el yate de J. P. Morgan, en las monedas de diez y de cincuenta centavos, en  carteles, folletos y postales… Munson también trabajó como articulista en los años veinte para The New York American. En algunas de sus publicaciones hacía una defensa de lo femenino, alabando el cuerpo de la mujer en toda su diversidad y denunciando la falta de sensibilidad hacia las modelos.

Su carrera como actriz fue breve, tan solo cuatro películas. Comenzó a ir en picado después de un encontronazo con el empresario Edward Franklin Albee II. Un día, Edward entró en el camerino de la actriz con malas intenciones. Munson le echó y él la amenazó con que no volvería a actuar en ningún espectáculo de la ciudad. Y así fue, al día siguiente el espectáculo en el que trabajaba fue retirado. A esto hay que sumarle el hecho de verse involucrada en un asesinato que tuvo mucha repercusión en la prensa sensacionalista. El Dr. Walter Keene Wilkins, propietario de la casa de huéspedes donde se alojaba Audrey con su madre, estaba enamorado de ella y asesinó a su mujer obcecado por la obsesión que sentía hacia la modelo con la que quería casarse. Ella no tuvo nada que ver con el crimen, pero la mala prensa hizo todo el trabajo y acabó por manchar su nombre y su reputación. Pasó de la gloria al absoluto fracaso, su carrera terminó ahí y su vida cambió por completo. En 1922 intentó suicidarse, los médicos le diagnosticaron un trastorno de personalidad paranoica. A los 40 años ingresó en un psiquiátrico donde permaneció casi 65 años. En 1996 murió con 104 años, sola, aislada y olvidada.

Para los que queráis saber más de Miss Manhattan, el escritor y periodista James Bone ha escrito un libro sobre su glamurosa y triste historia: “La maldición de la belleza”.

“Comenzamos a usar ropa solo cuando los pensamientos malignos y de culpabilidad se alojan en nuestra mente. Los vestidos son dañinos para nuestros cuerpos y aún peores para nuestras almas”. Audrey Munson.

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Camen Blue

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